Opinión

¿Quién pierde cuando pierde el populismo?

La guerra mediática contra lo que desde allí construyeron como populismo se ha convertido en una suerte actualizada de la caza de brujas medieval, donde nuevamente la suerte depende de jueces inquisidores corruptos y trovadores viciados constructores de significados. Se instaló en agenda y todo el arco político está programando sus acciones en función a ello, pero, ¿de qué estamos hablando en realidad?

 

Las experiencias de Temer/Bolsonaro (Brasil), Macri y Moreno (Ecuador), sumada a las noticias que la corporación mediática envía segundo a segundo tienen una narrativa en común: la lucha contra el populismo, planteándolo como una enfermedad a erradicar, y, por ende instaurando tal concepción en los pensamientos de las personas. Pero, ¿a qué llaman populismo? ¿Es casualidad que en toda la región esté librándose esta caza de brujas? ¿A quién quieren capturar? ¿Quién pierde en realidad?

De eso se trata la cuestión, para encarnar significados como “planes para mantener vagos” “regalar” “el curro de los derechos humanos” “corrupción” “no respetar el valor de las cosas” el poder mediático eligió la palabra populismo (que fue esa como pudo ser Navidad, mesita ratona, almanaque o cualquiera, se le da a las palabras el carácter que desde la corporación deciden que tengan), incluyendo en una simple expresión variados sentimientos de hastío del electorado y capitalizando y focalizando, al mismo tiempo, sobre errores o vicios de gobiernos anteriores.

De esta forma, quienes consumen los medios repiten los contenidos que por ellos ingresa, pero no por ignorancia, sino por insistencia, lxs dueñxs de multimedios saben cómo estimular la cognición y crear patrones cognitivos sin que se note, como en la parábola de la rana hervida, donde el anfibio al ser metido en una olla con agua hirviendo percibe el peligro y salta, pero al ponerlo en una olla tibia e ir calentando no registra y perece por la temperatura.

Por ende, al hablar de populismo, muy pocas personas pueden definirlo sin las características que le dan los medios. Se trata de una palabra paquetona que sintetiza una gama de sentimientos negativos del electorado que han sido puestos en valor por la corporación mediática de manera completamente artera y malintencionada. La población, al sentir la resonancia entre ese significante y sus sentimientos explotada hasta el último segundo termina simpatizando con esa causa, buscando que esa enfermedad se cure rápidamente.

Ese concepto se usa para denostar a gobiernos que han sido garantes del estado de derecho (ausente en los países con guerra contra el populismo), presidencias que además han ampliado derechos humanos y civiles, mejorado la distribución de la riqueza, generado crecimiento en los indicadores socioeconómicos del país, ampliado el sentimiento y capacidad de participación popular, legitimado el derecho a la protesta, acercado la educación a los sectores más vulnerables, desendeudado las naciones, mejorado la calidad de vida, empoderado a los colectivos restringidos de la sociedad. Todas éstas y demás conquistas realizadas por los gobiernos perseguidos cual brujas en la edad media han sido por sus sucesorxs relativizadas, negadas o tildadas de regalo que no debió ser nunca. Así como en el mito griego Prometeo acercó el privilegio del fuego de lxs diosxs a lxs mortales y luego fue condenado a que aves de rapiña coman sus entrañas, los gobiernos de la década pasada que trasladaron algunos de los privilegios de los ricos a los más vulnerables ahora están a la espera de la rapiña que les comería las entrañas día a día, como a Lula Da Silva en la cárcel o al proscrito Rafael Correa, destino que asimismo desean le aguarde a Cristina Kirchner, a Maduro y a Evo Morales.

De manera que respondiendo a la pregunta del encabezado, podemos decir que el grupo de derrotadxs cuando pierde el populismo no queda solo en lxs presidentxs que han tenido la osadía de ejercerlo, sino en quienes han recibido el fuego que antes estaba reservado para lxs diosxs. Y ahora éstxs, ávidos de venganza no solo castigan a lxs Prometeos del siglo XXI, sino a lxs mortales que por medio de ellxs se han beneficiado, primeramente haciéndolxs sentir que ese privilegio no les corresponde ni de casualidad, y, seguidamente, condenándolxs a la oscuridad mientras la rapiña consume a quienes les han acercado el fuego dejando a sus seguidorxs o apoyando a lxs diosxs o discutiendo la superficialidad planteada por los medios, terminando sumida en las tinieblas la verdadera enfermedad, que, claramente, no es lo que llaman populismo.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

To Top