Opinión

Me quiero, no me quiero: pequeñas claves de psicología barata para entender a ciertos votantes de hoy

Es momento de poner en relieve una cuestión que se ha abordado en distintas áreas de las ciencias humanas y tiene su correlato en la vida misma: la persona no siempre busca lo mejor para sí. Sonará desquiciado pero superada la desagradable impresión tras leer tal oxímoron no es necesario contar con muchos diplomas en la pared para poder al menos considerar la idea que hay goce en el sufrimiento.

El ser humano cuenta dentro de sí con diversa gama de mecanismos y procesos psicológicos, durante mucho tiempo se pensaba que éstos contribuían a la búsqueda de equilibrio o a la obtención de placer, entendiendo esas nociones como algo positivo o alentador al crecimiento personal.  Investigaciones durante el siglo pasado, principalmente amparadas en los desastres posteriores a las guerras y a la amenaza de una destrucción del mundo permitieron afirmar que el fin que se atribuía a los mecanismos psíquicos no se encuentra relacionado directamente con la felicidad nirvanesca sino que puede darse por medio del sufrimiento y el retorno a lo inerte en detrimento de la vida, por lo que palabras como equilibrio o placer quedaron resignificadas, perdiendo la connotación que las emparentaba con la alegría y cayendo en una atribución mayormente funcional, el placer no está en la felicidad sino en una disminución de tensiones, que puede no ser en un marco de crecimiento personal o en la búsqueda de lo mejor, tranquilamente puede encontrarse equilibrio en la repetición de situaciones traumáticas (recordando la acepción funcional de la palabra). Se atribuye la orientación preponderante, entre otras cosas, en base a las representaciones que se tienen acerca de cada aspecto de la vida, éstas se relacionan según significantes y significados (a grandes rasgos, palabra e imagen mental respectivamente), que son construidos a lo largo de nuestra historia personal, por lo que en este interjuego puede encontrarse un atisbo a entender la problemática expuesta.

Concluido el breve resumen técnico es momento de ir a lo que interesa: lo que llamamos realidad. Vemos infinidades de casos, o nos pasa o todos conocemos a alguien que le pase repetir una y otra vez algo que creemos erróneo, que toma decisiones que le son perjuiciosas o que tenga claro cual es el paso a dar y no lo da. Recortando más el espectro bajo esta tesitura, llegamos a la unidad de análisis que nos interesa: quien perteneciendo a los sectores castigados por el neoliberalismo legitima a sus verdugos dentro y fuera de las urnas.

Primeramente para comprender por qué una persona sería capaz de avalar algo que le daña es importante recordar la importancia de la construcción de significantes y significados. Los medios de alcance nacional, en tanto agentes de socialización y su carácter masivo son grandes formadores de significantes y significados. Ellos, durante los últimos años de kirchnerismo han introducido al discurso de mesa el significante crisis con sus diversos significados, que con su gran caudal de retórica, amarillismo, recursos materiales y, sobre todo, gran capacidad de repetición, han moldeado: inflación, desempleo, inseguridad, cepo cambiario, corrupción (que a su vez son significantes, por ejemplo, inflación tiene por imagen mental aumento de precios, no alcanza para fin de mes, etc.). Nótese la gran complejidad de todo este entramado que se construyó en los votantes a base de una repetición sostenida tanto en simultáneo (casi todos los canales, radios y portales al mismo tiempo) y en diferido (sin importar cuando se preste oído, el entramado está a disposición del receptor, sea de mañana, tarde, noche o en programación de noticias, de fútbol o de arquitectura). Hora tras hora, día tras día, año tras año de un mismo mensaje mina y vulnera cualquier mente sin la suficiente capacidad crítica en ese aspecto sin importar lo brillante que sea en otros. Especialmente importante en este proceso de construcción de significados y embotamiento de la capacidad crítica la identificación, No hay noticia de la crisis que no la haya buscado: quien aparece en la tele podría ser yo. Podría estarme pasando lo mismo a mí.

“Quien perteneciendo a los sectores castigados por el neoliberalismo legitima a sus verdugos dentro y fuera de las urnas”

Tras años del imperativo de la crisis llegó otro significante para las desesperadas personas que en su discurso cotidiano daban cátedra de surrealismo al afirmar cambiaron su auto pero vivían en un país donde no podían llegar a fin de mes, o iban a Miami ganándole a un entorno que prohibía la salida al exterior: el cambio, palabra que en el caso estereotipado genera la imagen mental de mejoría o solución (aunque quienes gustamos del fútbol sabemos que con ellos se puede tanto ganar como perder un partido). Y así fue, se construyó la imagen de un cambio de tintes mesiánicos, que salvaría a todos de los males de la crisis que ellos mismos construyeron.

Apelando a la identificación y a los significantes construidos se creó el contexto indicado, pero eso no alcanza, hay otro factor fundamental en la trama: la culpa, generadora de displacer y justificación ante los embates neoliberales. Aparte de crear los significantes previamente expuestos, una vez con el neoliberalismo en el sillón de Rivadavia la operación continuó por definir a las personas y por el uso de nombres expiatorios para los procesos que le son impuestos (sinceramiento de precios, armonización de caja jubilatoria como ejemplos) de forma que se pasó por remarcar que a los sectores medios y populares no les corresponden elementos de vida digna (aire acondicionado, vacaciones, trabajo con salario importante etc.) y que si los tuvieron fue de forma ilícita ya que son fruto de la maldad impía de la corrupción. Por lo que corresponde que los suelten en silencio y sin hacer escándalo retomando lo que les toca, que vuelvan al equilibrio que merecen. Nuevamente, para que esto funcione es muy importante la identificación, que el receptor sienta en lo profundo que el culpable de todo es él, que lo que tuvo y disfrutó todo este tiempo fue adquirido por medios inmorales, que no le pertenece, que lo robó, que el receptor se robó todo, y tiene que devolverlo. Así, una persona que pagó este mes el doble de electricidad con la misma naturaleza y serenidad que para informar que hay anunciada lluvia, comenta en el trabajo que está bien el aumento de luz, venía pagando lo mismo hace años y en Jujuy se paga el triple. Pagábamos muy poco, tenemos  que pagar más. La culpa se expía y todo queda tranquilo, no hay más displacer hasta el próximo embate. A pesar de lograr eso, no se buscó lo mejor para sí en términos de crecimiento personal.

Amigar equilibrio y placer con bienestar en un aspecto de la vida no es tarea fácil, donde hay un mensaje asimilado que llama a la disfunción es necesario brindar un mensaje alternativo que aliente a la mejora, la felicidad y la dignidad. Suena fácil decirlo, pero el equilibrio es un bien celosamente custodiado por el psiquismo, lo defenderá hasta las últimas consecuencias. Así como todos conocemos a alguien que no puede dejar a su pareja, aunque sepa que le hace daño y no podrá ser feliz en la relación siempre le perdona y brinda otra oportunidad sin importar cuanto consejo se le dé, todos conocemos a alguien que sufre los ataques del neoliberalismo y no puede dejar de votarlos sin tener en cuenta cuanto argumento se utilice para mostrarle que se está complicando el porvenir. Por eso es que las terapias son largas, porque no alcanza con dar un mensaje alternativo y punto, es necesario que éste pueda ser escuchado, comprendido e incorporado genuinamente por la persona, y tras tenerlo pueda elegir reestablecer su punto de equilibrio y mejorar su calidad de vida. Meta para nada fácil ni de pronóstico alentador en el corto plazo.

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