Opinión

Las garras de la leona

Si algo caracteriza lamentablemente al mes de marzo es el conflicto del gobierno de turno con los docentes. Si bien fue una problemática recurrente que atravesó todas las gestiones desde el retorno de la democracia y en los últimos 5 años se recrudeció, es posible encontrar matices que diferencian a la gobernadora actual de sus predecesores.

Un rasgo innegable del gobierno del cambio es su tendencia a solucionar problemas nivelando para abajo, teniendo por consecuencia el deterioro de la calidad de vida de los argentinos.

Ejemplo de ello han dado con los servicios, como el transporte, que se encontraba subsidiado en el AMBA de mayor manera que en el interior. La solución no fue aportar al bolsillo de quienes habitan las provincias subsidiando más el boleto de colectivo sino quitar la inversión en la metrópoli, atentando contra el día a día de porteños y bonaerenses. Resultado: percepción de justicia.

Siendo que la manzana nunca cae lejos del árbol, la gobernadora Vidal actúa de la misma manera  con los docentes, respondiendo a problemáticas existentes en su sistema de manera perjudicial para ellos. Lejos de ser, como ella lo ha remarcado en la apertura de sesiones, un reclamo salarial, el así llamado conflicto docente atraviesa distintas cuestiones que requieren solución, las aportadas desde La Plata resultan ser draconianas, carentes de conocimiento de la situación que se vive en las escuelas y perjudiciales para los casi todos los actores del sistema educativo (al menos para las familias, estudiantes y docentes que día a dia se encuentran en la puerta de la escuela). Algunos ejemplos:

 

Además, el blindaje mediático pone a los docentes como jubilados de privilegio por alcanzar ese beneficio a los 50 años con 25 de aportes sin distinción de género (sin aclarar que su aporte mensual es considerablemente mayor que el de otros rubros, por ello al alcanzar la actual edad de retiro no hay diferencia). La solución Vidal no pasaría por mejorar las posibilidades jubilatorias de otros empleos sino por “armonizar” la docente, ampliando la edad de retiro. Tampoco se habla de los meses que se deben esperar para cobrar tras iniciar el desempeño en un cargo, que en ocasiones pueden ser más de 6, ni de los descuentos desproporcionados que realizan al notar que se equivocaron y continuaron pagando una suplencia más tiempo del debido. A eso evidentemente cuesta mucho encontrarle la vuelta. Asimismo, de más está decir que varias escuelas públicas presentan problemas de infraestructura, siendo los más usuales, entre varios otros, mesas, sillas, pizarrones, ventanas, puertas y vidrios rotos, falta de calefacción o ventilación, carencia de internet y materiales para educación física, y presencia de ratas o murciélagos. Ante dichos asuntos las soluciones toman su largo tiempo en llegar.

Nuevamente el gobierno da cuenta de su insensibilidad, haciendo pagar a justos por pecadores y logrando que baje un escalón la calidad de vida por medio de sus recortes y amenazas. Nada nuevo. Pero hay algo que sorprende: al estar en salas de profesores, o reuniones de familia donde está el tío o la tía maestros, o ser un estudiante que junto al “no se hace política en la escuela” escucha de la misma voz un “se robaron todo” y un “esta bien, escuela vacía se cierra” se ha dejado entrever tanto en 2015 como en 2017 una percepción de justicia con gusto a  globo amarillo, a pesar de todas las quejas. Agrava un poco la situación el hecho que quien se postuló el año pasado era el ministro de educación, quien se burló de la paritaria nacional, extinguiendo con nafta el fuego del conflicto 2017, que determinó la completa actividad escolar a principios de abril.

Será clave lo recién mencionado en vistas a un posible Mariu 2019, teniendo en cuenta que aún ahora, con todo tan dicho hay justificaciones serenas que celebran que la leona afile sus garras? Ella no dudará en hacerlo, para gusto de algunos y en detrimento de todos.

 

*Matias Cea, Psicólogo trabajando en la escuela pública.

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