Opinión

El grito docente

 

Da vértigo mirar las imágenes de la marcha docente que se concentró hoy en Plaza de Mayo con la contundencia de quien está convencidx de la legitimidad de su lucha. El cuadro pinta de pies a cabeza la unidad de un justo reclamo. No son cientos de miles de personas; es el Pueblo -uno solo- alzando su voz en defensa de algo que, sea cual sea la circunstancia, conservará siempre como una prioridad: la educación. Porque el Pueblo -ya lo sentenciaba Castelli en un día histórico allá por 1810- sabe lo que quiere y hacia dónde va; y sabe que en ese camino hay cuestiones innegociables.

No hace falta volver tan atrás en el recuerdo para encontrarnos con innumerables promesas de campaña en donde Vidal y Macri, atragantadxs entre falsas ilusiones y sonrisas, hacían lo imposible por sostener el discurso sobre la importancia de la educación pública, sobre cuidar a lxs docentes y sobre cómo ésta era la base para su gran proyecto de pobreza cero. “Porque son el ejemplo para los chicos, todos los maestros van a ser respetados, cuidados y bien remunerados” miente un spot de nuestro actual Presidente unos pocos meses antes de asumir su cargo. Pero hoy la Plaza nos devuelve otra realidad. Nos devuelve el silencio y la indiferencia frente a una lucha incansable que busca dignificar el trabajo docente y reclamar por las condiciones de las instituciones; denunciar las inagotables listas de espera para el ingreso a escuelas y jardines de infantes que ante la falta de vacantes quedan suspendidas indeterminadamente en el tiempo, y que quiere decirle basta al desprestigio del trabajo docente y a las escuetas propuestas del gobierno que no sólo no se condicen con la realidad económica del país, sino que atentan contra la ley, contra la Constitución Nacional y contra tratados internacionales. Hoy se paró, se marchó y se apoyó; se escribió, se leyó y se debatió porque la educación importa; porque merece atención y porque esta lucha no se nos puede pasar por alto.

Estos días nos encontramos con un gobierno que desoye el grito docente. Con casi un 50% de lxs docentes de la Provincia de Buenos Aires que -en cifras actuales- se encuentra por debajo de la línea de la pobreza, el reclamo salarial lejos está de ser un disparate. Como respuesta aparecen migajas, excusas y aprietes. Se exige la paritaria nacional, como manda la ley; se exige el respeto al derecho a huelga, como dicta la Constitución Nacional. Se exige una respuesta real y comprometida, y no extorsiones que ponen entre la espada y la pared a lxs docentes a la hora de parar; no la excusa de que la Provincia está quebrada, cuando se pide -no como un favor, sino como el cumplimiento de la ley- la paritaria nacional.

De muchas maneras se intenta desprestigiar la lucha docente. Está en cada unx comprender que esa lucha es por la educación pública, y que la tenemos que dar todxs, docentes o no, sea cual fuera el color que nos represente. Siempre y cuando consideremos que para seguir creciendo necesitamos apostar a una educación digna y que verdaderamente desarrolle el potencial de nuestrxs pibxs.

Juan Maqueda, Lic. en Pisoclogía, docente.

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