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Coronavirus: Bolsonaro a contramano de todos los especialistas

Mientras que la pandemia ya se cobró 47 víctimas mortales y el número de casos supera los 2270, el presidente pidió suprimir las medidas de aislamiento social y reabrir escuelas y comercios.

En la noche de ayer, el presidente de Brasil, quien se mostró hasta ahora con una actitud despreocupada frente a la pandemia, pidió por cadena televisiva la reapertura de escuelas y comercios y se refirió a la enfermedad como “una gripecita”. Al día de hoy, el país cuenta con más de 2270 infectados y 47 muertos. Repudio de la ciudadanía y los diferentes sectores políticos.

Jair Bolsonaro apareció por cadena televisiva criticando las medidas que algunos gobernadores, huérfanos de directivas del gobierno nacional, decidieron aplicar para frenar la alarmante ola de contagios de coronavirus que está sufriendo Brasil. Mientras que la pandemia ya se cobró 47 víctimas mortales y el número de casos supera los 2270, el presidente pidió suprimir las medidas de aislamiento social y reabrir escuelas y comercios. La medida provocó el rechazo del pueblo y de todos los sectores políticos.

Asimismo, Bolsonaro acusó a los medios de comunicación de generar “pavor” y pidió “terminar con el confinamiento”. Dijo que las autoridades estaduales y municipales que tomaron medidas de aislamiento social (recomendadas por especialistas de todo el mundo) deben dejar de lado “la idea de tierra arrasada”. También expresó que “la vida tiene que continuar”, lo cual sólo puede ser leído como un cinismo absoluto, ya que ninguna de sus políticas apunta a garantizar la vida de los ciudadanos brasileños, sino más bien lo opuesto.

Los repudios de las declaraciones no se hicieron esperar, incluso dentro de la derecha. Diputados y senadores de diversos partidos políticos repudiaron los dichos. El presidente del Senado, Davi Alcolumbre, declaró que Brasil necesita un gobierno serio, responsable y comprometido, y clasificó como graves los dichos de Bolsonaro que van en dirección opuesta a las recomendaciones de la OMS. Por su parte, Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados, le pidió a los brasileños que sigan con los recaudos del distanciamiento social, y anunció que el Congreso votará medidas para contener la Pandemia que es un error atacar a la prensa, a los gobernadores y a los especialistas en salud pública. En la misma línea, Felipe Santa Cruz, presidente de la Orden de los Abogados de Brasil pidió a los ciudadanos que no rompan la cuarentena y calificó las declaraciones de Bolsonaro como “uno de los pronunciamientos políticos más deshonestos de la historia”.

Recordamos también que hace diez días, el domingo quince de marzo, cuando las recomendaciones de evitar el aglomeramiento ya habían comunicadas por el Ministerio de Salud, Jair Bolsonaro convocó a sus seguidores políticos a una marcha en contra del Parlamento que tuvo lugar en Brasilia, en donde él mismo se abrazó y se besó en las mejillas con la gente, incumpliendo las indicaciones y atentando contra la salud pública. Este hecho genero una gran indignación en los y las brasileñas, que realizaron a lo largo de toda la semana pasada una serie de cacerolazos desde los hogares para repudiar lo ocurrido.

El mismo rechazo generó la medida, tomada hace apenas unos días por el mandatario ultraderechista, de suspender los contratos de trabajo y frenar los pagos de salarios por cuatro meses. Tras aplicar la determinación, Bolsonaro y su ministro de economía Paulo Guedes, pusieron la excusa de tener que afrontar de esa manera la crisis económica (la cual Brasil ya venía transitando desde mucho antes de la aparición del coronavirus). Nuevamente, el repudio fue tal que tuvieron que retroceder, dejando la medida sin efecto.

Las palabras y las acciones del presidente son tan siniestras como los silencios que antecedieron a estas declaraciones en tiempos de desesperación, coyuntura en la que es imperiosa la necesidad de una planificación de medidas dictadas por los especialistas en salud pública para evitar lo que por inoperancia no se evitó: el pico de contagios y el empeoramiento de la situación.

La conducta de Bolsonaro atenta contra la salud pública del país y del mundo, por eso diputados de diferentes partidos políticos presentaron ante la Cámara de Diputados sus pedidos de impeachment, para juzgar cada una de las medidas tomadas por el presidente contra el pueblo como también las omisiones de medidas necesarias para protegerlo.

Se espera que, tal como sucedió en otros países cuyos mandatarios no reaccionaron a tiempo, el crecimiento exponencial de los casos de coronavirus lleve a un colapso del sistema de salud y a la consiguiente imposibilidad de atender a todos los infectados. En otras palabras: un país a la deriva por la negligencia de su presidente.

 

 

 

 

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