Opinión

Como marea la marea feminista

Este #8M promete en Argentina un despliegue histórico. El debate en torno a ciertas reivindicaciones feministas, está cobrando una fuerza inusitada: la lucha parece torcer la agenda política y marcar un nuevo itinerario. Mañana nosotras paramos.

Se conmemora una vez más el Día Internacional de la Mujer y hay motivos, si no para celebrar, al menos para clamar a viva voz nuestras reivindicaciones. Lo ilustra Natalia Oreiro en suhomenaje a Gilda: se siente cómo la “marea feminista” inunda las calles, las redes sociales, las universidades y escuelas, e incluso los edificios públicos que tantas veces han estado vedados a estos reclamos. Este jueves, el Paro Internacional de Mujeres promete en Argentina un despliegue histórico.

Parece que mucho hemos avanzado desde la primera marcha de “Ni Una Menos”. En primer lugar, celebro que muchas mujeres de peso mediático hayan denunciado recientemente casos de acoso o abuso, lo cual ha disparado la visibilización de este aspecto de la violencia de género. Celebro también que en los últimos días la Justicia haya resuelto numerosos casos de femicidio, condenando a los perpetuadores. Por otro lado, sorprende la cantidad de apariciones en medios gráficos, radiales y televisivos, de voces del colectivo feminista, pero también de un nuevo vocabulario que está marcando la opinión pública.

Además, el debate, históricamente postergado, en torno a ciertas reivindicaciones feministas, está cobrando una fuerza inusitada: la lucha de años parece torcer la agenda política y marcar un nuevo itinerario. La cara más visible es que hoy la despenalización del aborto se debate en los recintos parlamentarios (y no sólo del Congreso Nacional), en las cúspides de los poderes ejecutivos nacional, provinciales y municipales, y en las universidades y círculos académicos. Podría pensarse, entonces, que es cuestión de voluntad política incluir en la agenda la violencia de género.

“La lucha de años parece torcer la agenda política y marcar un nuevo itinerario”

Sin embargo, no debemos engañarnos. Aun si mucho se ha avanzado, y si finalmente logramos imponer ciertos debates en la agenda política, queda todavía (y quedará siempre) un largo camino de lucha. El Día Internacional de la Mujer es, ante todo, una apelación a no dormirnos en los laureles.

Porque continúan los femicidios y travesticidios, y la criminalización del aborto se ha cobrado ya la vida de más de 3000 mujeres desde la recuperación de la democracia. Los comentarios retrógrados y reaccionarios siguen inundando la pantalla y las redes, y debemos seguir discutiendo cuestiones tan “tontas” como que una mujer debería poder vestirse a su antojo, sin riesgo de ser acosada o violada.

Y aunque celebro el lugar a la discusión por la despenalización del aborto que este gobierno parece estar habilitando, esto no debe soslayar el hecho de que las políticas de los gobiernos nacional y provincial afectan a las mujeres de forma más apremiante que a los varones, y por lo tanto profundizan la desigualdad de género. Las recesiones económicas aumentan la desigualdad existente entre varones y mujeres en el ámbito económico: los sectores de trabajo más precarizado son ocupados mayoritariamente por mujeres, y los efectos negativos de un aumento en la precariedad, informalidad y sub-ocupación, afectan a las mujeres en mayor medida. La pérdida de poder adquisitivo ha afectado no sólo a los salarios, sino también a AUH, asignación por embarazo y pensiones, cuyas destinatarias son mayoritariamente mujeres.Las políticas de ajuste aumentan el trabajo no remunerado para las mujeres, porque provocan el deterioro de la calidad de vida de las poblaciones no económicamente activas, cuyo sostén son por lo general las mujeres; en la medida que el Estado se retira o debilita su presencia, esas tareas deben resolverse de manera individual, en el seno de las familias, donde la mayor carga la afrontan las mujeres.

“Las políticas de los gobiernos nacional y provincial afectan a las mujeres de forma más apremiante que a los varones, y por lo tanto profundizan la desigualdad de género”

Ante esta situación, las políticas públicas deberían apuntar a fortalecer a las mujeres y demás colectivos vulnerados. Sin embargo, lejos de hacerlo, se reducen los presupuestos destinados a estas poblaciones; por ejemplo, el presupuesto asignado al Consejo Nacional de las Mujeres fue de apenas $6,96 por mujer para 2017. Nada se dice acerca de la brecha salarial, que sigue siendo acuciante en nuestro país, ni de otorgar incentivos económicos a las víctimas de violencia de género, ni se destinan recursos a la construcción de refugios donde las víctimas puedan ser acogidas ante casos de riesgo de su integridad física. Y mientras que el reclamo por la despenalización del aborto incluye acceso a la educación sexual para poder decidir, el programa de Educación Sexual Integral (ESI), que se llevaba a cabo en las escuelas,se ha dejado sin efecto.

La marea feminista que se está viviendo por estos días tendrá su epicentro en la puerta de las principales instituciones estatales de nuestro país,y esto porque entendemos que son necesarias políticas públicas concretas para incentivar la erradicación de la violencia de género.

Desde mi rol de Consejera Escolar del partido del Pilar hay mucho por pensar y hacer. La semana pasada solicité se declarara asueto administrativo para las trabajadoras del Consejo, solicitud que fue desoída por el oficialismo. Aun así, seguiré insistiendo para que la violencia laboral e institucional contra las mujeres sea erradicada en el marco del Consejo Escolar. Además, la Jefatura de Inspectores Distrital debería motorizar un trabajo con perspectiva de género en todas las instituciones educativas del distrito. También soy docente universitaria. No sólo incluimos la cuestión de la violencia de género como uno de los temas a abordar en la materia, sino que también apuntamos a trabajar desde una perspectiva de género y a fomentar el debate.

Reitero mi compromiso de poner a disposición mi rol institucional para la lucha por la erradicación de la violencia de género. Estoy convencida de que si todas y todos nos comprometemos a repensar y transformar nuestras prácticas y,a su vez, exigimos una voluntad política gubernamental dispuesta a erradicar la violencia de género, una sociedad más justa es posible.

 

*Por Rosario Beláustegui, Politóloga y Consejera Escolar de Pilar.

 

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