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Cierre de escuelas y ajuste de la educación en la región

Cuando hablamos de recientes procesos de exclusión social promovidos por políticas de ajuste y hambre de la derecha neoliberal  y particularmente los educativos me suelo referir a lo que sucede en provincia de Buenos Aires y Capital Federal de nuestro país, pero la orientación de estos procesos son también regionales dado que el retroceso conservador no solo se dio en Argentina sino también en el  país hermano de Brasil. Este retroceso sostenido por la corporación judicial, los golpistas en el gobierno y el aparato comunicacional más grande de Sudamérica (la red O globo), ha impactado fuertemente en lo que respecta al financiamiento de la educación estatal en Brasil.

Independientemente de las diferencias en cuanto a la estructura del sistema educativo, en el país vecino es importante y a la vez silenciado por los medios hegemónicos el cierre de escuelas estatales, particularmente en zonas rurales o desfavorables del Estado de Rio de Janeiro (de ahora en más RJ). Los argumentos que utiliza la derecha neoliberal es la misma en la que se basa nuestra derecha nativa: pocos alumnos y salarios muy altos bajo consignas como la reestructuración/reorganización. Sin embargo,  la secretaría de educación de RJ parecería no tener reparo que en dichos lugares son las únicas escuelas en varios cientos de kilómetros, de ahí la importancia de la existencia de escuela en zonas rurales o desfavorables para lograr el mayor acceso al cumplimiento del derecho a la educación de la población. Se trata de escuelas con pertenencia y reconocimiento por parte de su comunidad educativa que ven a la educación pública como la herramienta de ascenso y progreso social para sus hijos. Pero claro está, a la derecha neoliberal  nada de esto le interesa y el cierre sería parte de un recorte del presupuesto para educación que se ha agudizado durante el período 2015- 2017 pero que data de antes en el Estado de RJ. Se han registrado aproximadamente más de doscientos cierres de escuelas desde 2010, sin contar el cierre de cursos y otros intentos de cierre en proceso.

Es interesante destacar que al igual que el intento de cierre de escuelas del Delta en la provincia de Buenos Aires, en RJ han resistido amplios sectores de la comunidad (padres, estudiantes, docentes) acudiendo a medidas como tomas de escuelas y manifestaciones,  donde además del “no cierre” aparecen otras reivindicaciones como el cuestionamiento a los contenidos de la enseñanza y una organización escolar con vínculos tendientes a la horizontalidad. El aparato comunicacional ha intentado desvirtuar el real motivo de este ajuste en la educación alegando  los problemas de inseguridad que azotan al Estado de RJ, como la violencia en el escenario escolar, así como asesinatos contra niños y adolescentes en las inmediaciones de las escuelas. Si bien es muy probable que la inseguridad a causa del ajuste económico que impacta en los sectores más vulnerables  sea una realidad, lo cierto es que los acontecimientos dan cuenta de la ausencia de contención social por parte del Estado en dichas comunidades. En este sentido, el cierre de escuelas generaría el efecto contrario que se esboza desde las políticas oficiales: sin acceso a la educación de vastos sectores cada vez más afectados por el desempleo y la pobreza  se profundizaría la desigualdad social en Brasil así como en cualquier otro país de la región donde el sistema educativo en cualquiera de sus niveles cumplen la misión de favorecer la igualdad y la justicia social.

 

Docentes reclamando contra el cierre de escuelas en el Delta, ordenado por la gobernadora Vidal.

 

Hasta el momento, la única alternativa que han brindado desde la secretaría de educación estadual, es el traslado de los alumnos y los profesores afectados a otras escuelas con consecuencias en términos económicos (el traslado que implica recorrer una mayor cantidad de kilómetros) y sociales (desarraigo y adaptación a un nuevo medio social diferente al de pertenencia). Estas medidas que están afectando fundamentalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad brasileña vienen de la mano del ejercicio de mano dura por parte de Temer y sus aliados estaduales ante el llamado “desorden social” que ellos mismos provocan desde sus planes económicos de hambre y ajuste contra el pueblo. Como ejemplo más conocido la intervención militar de la seguridad del Estado que bajo el slogan de frenar la ola de violencia ha legalizado los elevados  índices del gatillo fácil en las favelas.

Cabe destacar que algunas de las  zonas desfavorables de las escuelas en RJ son las favelas (símil a las villas o asentamientos urbanos en Argentina), con un alto porcentaje de  población negra que habita en ella (alrededor del 70%). Aunque no sea un fenómeno exclusivo de los brasileros negros que viven en las favelas, se trata de un sector social excluido y discriminado por la condición de ser “negro”, pero también “pobre”. Solo basta como muestra recorrer las calles de los centros históricos de San Pablo y Rio de Janeiro para darse cuenta de ello. A las claras, vemos que es un apartheid social que silenciado acompaña como anillo al dedo a este retroceso conservador  y pone énfasis mediante el desprecio barrer de la escena política al negro, villero, trabajador o pobre. Aquí como en Brasil el triunfo del gobierno de las corporaciones requiere instalar un sentido común que naturalice la quita de derechos, a modo de borrar la historia de las luchas y conquistas de los movimientos políticos, sociales y sindicales de la región que han bregado por la igualdad y justicia con líderes claramente identificables. En el caso de Argentina, Juan D. Perón y los gobiernos kirchneristas y en el caso de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

 

*Por Hugo Aravi. Lic. y Prof. en Ciencias de la Educación (UNLu). Orientador Educacional del Equipo Distrital de Infancia y Adolescencia de Pilar.

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